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Los Simpson: una familia con la cual se identificó toda una generación

En reconocimiento del Día Mundial de Los Simpson, el docente de Adipa, Mg. Ps. Camilo Aguilera Bastías, realizó una columna de opinión acerca de la relación entre la serie y la salud mental. ¡Revisa el artículo completo aquí!

Los Simpson: una familia con la cual se identificó toda una generación

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Cuando pensamos en el gran éxito que tuvo esta serie, solemos pensar en muchos factores que la hicieron famosa. La construcción de los personajes que sintoniza con su cultura de base, las temáticas conflictivas que tomaban con un humor que suavizaba; y el ser una serie animada pionera para adultos, la originalidad bien narrada siempre tiene una buena recepción.

Sin embargo, creo que hay un factor poco explorado que influyó en su éxito, y este es la conexión emocional que logró con sus televidentes, al mostrar situaciones significativas para ellos (los que ven la serie) de una manera amigable, sobre todo las que están asociadas a problemas familiares, seguido por temáticas escolares (asociadas con Bart y Lisa) y laborales (generalmente, asociadas con Homero).

Los Simpson fueron una serie que aliviaba a sus televidentes, los cuales se sentían reflejados en las complejas temáticas que ellos vivían, en décadas como la de los años 90, en donde recién se estaban empezando a visualizar en la población la necesidad de expresar las vivencias como un método para mantener la salud mental.

¿Por qué las series son capaces de enganchar tanto a un humano? porque existe un alivio existencial al experimentarse reflejado por un otro, este fenómeno es como una declaración para la humanidad, en donde se le dice “tu existes, tus experiencias sí son reconocidas por el mundo del cual eres parte”.

El reflejo es una invitación amorosa a reconocer la existencia del otro, alivia la neurosis de la humanidad, según el concepto de la Gestalt de Fritz Perls, la cual es vista como un fenómeno que en donde el mundo aplasta y anula al ser humano. La neurosis sería el fenómeno contrario a la experiencia del reflejo: en vez de sentirme parte de un todo, el todo me absorbe y ya no existe como “parte”.

Si bien, ver una serie no es terapia, si llega a ocurrir esta experiencia de experimentarse reflejado, puede aportar al procesamiento y gestión emocional del televidente. Puede pasar de manera espontánea en estas experiencias donde nos sentimos realmente escuchados o vistos por otro; o bien, puede ser una experiencia dirigida, como la actitud “experiencial” que persiguen las terapias humanistas.

Podemos experimentarnos aceptados cuando vemos a Homero frustrarse por no saber como criar a sus hijos; también nos sentimos mirados al ver el enojo reprimido de Marge al tener que estar constantemente cuidando de otros relegando sus deseos; o volvemos a sentirnos niños, al ver los desafíos comunes de la infancia en Bart y Lisa.

Sin embargo, el reflejo no es una consecuencia causal de ver una serie, se necesitan ciertas habilidades emocionales básicas para lograrlo, como lo son la capacidad de reconocer lo que siento y aceptar esa experiencia en mi cuerpo. La serie es un medio que podría ayudar a hacer consciente la emoción, pero depende de mi actitud emocional frente a la serie.

Podría ocurrir todo lo contrario al mirar Los Simpson o cualquier otra serie, usarla para evadir mi experiencia interna, distanciarme de mis propias emociones con algún mecanismo de defensa neurótico. Por ejemplo: la “banalización” de mis experiencias emocionales, tomando desde la burla y la risa toda experiencia emocional, sobre todo las incómodas… una conducta común de esto es reírse por nerviosismo.

Curiosamente, pareciera que los Simpson empezaron su decadencia como serie al caricaturizar demasiado a sus personajes; las características que antes nos generaban el efecto “reflejo y empatía” fueron enfocadas más a la “banalización”… a la risa desde lo grotesco. Lo podemos ver en Homero, que empezó como un hombre limitado, pero de buen corazón, a ser hoy en día un personaje totalmente impulsivo e irracional.

Si bien, no estoy en contra de series que sirvan para banalizar y distanciarnos de vez en cuando de nuestras experiencias dolorosas (como me pasa con la serie de Rick y Morty); creo que hacerle eso a Los Simpson no ha sido algo efectivo para mantener a sus televidentes.

Esto es ya una experiencia personal mía con la serie, y una teoría de lo que creo que les ocurre a muchas más personas también: la serie, para muchos, es un símbolo del reflejo que les explicaba en los primeros párrafos, los televidentes conectaron emocionalmente con los personajes y al volverlos hoy en día en personajes más absurdos, se ha tomado como una especie de ofensa, una burla a la propia experiencia del televidente.

Si bien cada autor tiene la libertad de hacer lo que quiera con sus personajes, si desea capturar el interés de un público, recomendaría nunca dejar de lado la experiencia cognitivo-emocional de este. Como todo arte, las historias audiovisuales han de ser miradas por la conexión que logran con la persona.

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