En el mes del Orgullo, el psicólogo y docente de Adipa, Jaime Méndez comparte una reflexión sobre la importancia de existir, resistir y celebrar la diversidad sexual en Chile.
15 de mayo del año 2025, San Pedro de la Paz, Provincia de Concepción, despierto algo aturdido, confundido, hasta algo mareado, al parecer hay una enfermedad estomacal hacia el sur de Chile, han caído varios conocidos/as/es, las defensas están bajas y al parecer de esta condena no me escape.
Me siento en la cama, miro hacia el espejo e intento recordar, pensar, repensar si esa es la razón de una resaca sin motivo aparente, porque no termino de convencerme, luego tomo el teléfono por inercia y activo los datos móviles, tomo conciencia de mis actos, entiendo al fin de donde viene la sensación desagradable, intento darme ánimo, realmente lo intento, pero ¿me pregunto hasta cuándo tenemos que luchar por nuestros
derechos?
Ese día a casi 600 km nuestros honorables legisladores, en la Comisión Especial Investigadora N°57, examinaban las “posibles irregularidades en el programa Chile Crece con Orgullo” o también conocido popularmente como Programa de Apoyo a la Identidad de Género (PAIG), programa de apoyo psicosocial a niñeces y adolescencias trans y sus familias (Bavestrello, 2024; Contreras et al., 2024).
La comisión finiquitó sus tareas en noviembre del año 2024 y emitió recomendaciones con respecto a este programa, entre las que se sugiere su eliminación, y la de todos los servicios psicológicos y sociales que entrega. Lo insólito de la situación es que sin ser expertas/es/os en temáticas de salud y menos en la diversidad sexual, con aseveración y convicción insistieron en la premisa de restringir el apoyo social y psicológico a NNA y sus
familias (Campos, 2025).
La presentación desde sus inicios ha sido un desastre, se ha divulgado información falsa, como, por ejemplo: que en los dispositivos de salud se hormonan a infancias desde los 3 años, que existen múltiples casos de padres se han opuesto al ingreso de sus hijas/es/os al Programa PAIG y que les han quitado la custodia o la que más me ha causado sorpresa, “que la implementación del enfoque afirmativo en el sistema sanitario chileno
corresponde a la imposición de cirugías quirúrgicas irreversibles en los niños” (MOVILH, 2024).
Recuerdan la sensación desagradable antes mencionada, así es, ahora pueden comprender que tenía una causa social y estructural, más que un origen biológico o de realismo mágico, la magia del sur en esta ocasión no era la culpable de mi dolencia estomacal y mental.
A días de iniciar un nuevo mes del Orgullo, es importante que, como profesionales de la salud mental, nos posicionemos frente a la creciente ola de movimientos anti-género que afecta a nuestro país y toda América Latina. Acorde al Observatorio de Sexualidad y Política” (2022) se señala que esta fuerza ha sido impulsada por movimientos ultraconservadores, de derecha y negacionistas de los derechos de las personas LGBTQIANB+ (Corrales, 2020; Ritholt & Mesquita, 2023).
La Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) establece que todas las personas son iguales ante la ley y deben gozar de derechos sin discriminación (Betancourt et al., 2022). Por ende, es importante recordar que los derechos de las personas de la diversidad no son privilegios, son derechos humanos, reconocidos tras años de vulneración, discriminación y marginalización de esta población (Ruiz, et al., 2018; Saldivia.et al., 2017).
A nivel personal me propongo y me dispongo a quedarme en mente y praxis con las palabras de grandes activistas trans y colegas de la psicología que admiro, Ariel Cordero y Sascha Fernandois, quienes mencionan la importancia del ser y entendernos como personas de la diversidad sexual con la posibilidad de crear, existir y vivir un presente y futuro pleno en bienestar, como las referentas que no tuvimos en la infancia.
¿Qué visibilización nos entregaban los medios de comunicación antes? Estereotipos y caricaturas sociales de ser homosexual, lesbiana y del ser trans, lamentables desde cualquier arista ¡y no me hablen de representatividad o de realidades!, cuando se apelaban a los manerismos, las formas de hablar y de nuestros códigos como mofa y opio para el consumo televisivo (Amigo et al., 2014; Bravo et al., 2018; Núñez, 2004).
Nunca van a entender y comprender las vivencias de las personas de la diversidad, si no se ponían en nuestros zapatos, hoy pienso con optimismo y algo de jocosidad que quizás, nunca lo intentaron o si lo hicieron, se enfrentaron a la decepción de que los zapatos con tacón se encuentran menos disponibles desde el n°39 en adelante.
Porque sí, en este país todavía duele existir fuera de la norma, todavía enferma el desprecio institucional y fatiga el tener que justificar, una y otra vez, la humanidad de nuestras vidas. Pero también en este país resistimos, imaginamos, creamos y acompañamos. Nos sabemos herencia de luchas pasadas y semilla de futuros más justos.
A puertas de un nuevo junio, que las injusticias no nos paralicen, que el dolor se transforme en acciones colectivas revolucionarias. Que la memoria y la ternura nos sostengan, y que la afirmación de nuestras identidades no sea un acto de defensa, sino de libertad. Porque si nos quieren sin derechos, respondamos con más comunidad, más amor y más Orgullo.