Mtro. Hermann Thomas Ehrenfeld
Psicólogo, Magíster en Psicología. Especialista en Neuropsicología Infantil.
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Procesos como la atención, la memoria y el lenguaje son esenciales para desenvolverse en la vida cotidiana. Conoce qué son las funciones cognitivas, cómo se organizan y qué estrategias permiten fortalecerlas desde una mirada neuropsicológica.
Las funciones cognitivas constituyen la base del pensamiento humano y están presentes en cada una de nuestras acciones diarias, desde las más simples hasta las más complejas. Comprender cómo operan estos procesos, cómo se clasifican y qué factores pueden afectar su funcionamiento, resulta clave no solo para el ámbito clínico, sino también para la educación, la intervención temprana y la promoción de la salud mental a lo largo de la vida.
En este artículo, desarrollado junto al especialista, Mtro. Hermann Thomas Ehrenfeld, exploramos el concepto de funciones cognitivas desde una perspectiva neuropsicológica, revisamos su clasificación clásica y actual, abordamos los riesgos asociados a su deterioro y presentamos recomendaciones para su fortalecimiento.
Las funciones cognitivas son un conjunto de procesos mentales mediados por el cerebro que permiten a las personas reflexionar, percibir, evaluar, almacenar, manipular y utilizar información proveniente tanto del entorno como de su mundo interno.
Estos mecanismos son fundamentales para comprender la realidad, tomar decisiones, resolver problemas y adaptarse a diferentes situaciones.
Las funciones cognitivas, además de ser componentes esenciales de la cognición humana, están estrechamente ligadas a la participación social, la autonomía personal y el desempeño en las actividades de la vida diaria.
Tal como explica el docente especialista, “las funciones cognitivas nos permiten vivir, estar y participar del mundo social, así como actuar, comunicar y resolver problemas”.
A lo largo de la historia de la neuropsicología, diversos autores han propuesto clasificaciones para entender mejor el funcionamiento cognitivo. Entre ellos, destacan las contribuciones de Alexander Luria y Lev Vygotsky, quienes establecieron una distinción entre funciones cognitivas básicas y superiores.
A pesar de que, en la actualidad esta clasificación ha sido matizada por nuevos hallazgos, sigue siendo útil para fines descriptivos y clínicos.
📌 Nota: Aunque persiste cierta discusión sobre cuántas y cuáles son exactamente las funciones cognitivas, existe consenso en torno a procesos como la atención, la memoria, las gnosias y praxias, el lenguaje (considerado tanto una habilidad innata como una función cognitiva), y las funciones ejecutivas.
Ambos autores señalaron que las funciones cognitivas básicas corresponden a habilidades más elementales de procesamiento mental: atención, percepción y sensación. Estas funciones estarían ligadas con la entrada de la información al sistema cognitivo.
En ese sentido, Vygotsky propone que, las funciones básicas son de origen biológico y están presentes también en otras especies, lo que sugiere un componente evolutivo compartido en los mecanismos fundamentales de la cognición.
La atención es la capacidad de seleccionar y concentrarse en ciertos estímulos del entorno mientras se excluyen otros. Este proceso es indispensable para la conciencia y el aprendizaje, ya que permite organizar y limitar la información que el sistema nervioso puede procesar en un momento dado.
Su desarrollo está vinculado al lóbulo frontal, el cual regula la inhibición de estímulos irrelevantes.
La percepción se refiere al proceso mediante el cual el cerebro organiza e interpreta los estímulos sensoriales provenientes del ambiente o del propio cuerpo. Esta función no se limita a la captación de información, sino que implica darle sentido a lo percibido con base en experiencias previas y estructuras cognitivas ya consolidadas.
La sensación constituye la fase inicial del procesamiento cognitivo, en la cual los receptores sensoriales captan estímulos físicos (como luz, sonido, presión, etc.) a través de los sentidos.
Estas impresiones sensoriales son esenciales para que luego la percepción las organice e interprete. En el ámbito neuropsicológico, se consideran funciones de ingreso o recepción de información al sistema cognitivo.
Por su parte, las funciones cognitivas superiores implican la integración de las funciones básicas en procesos mentales más complejos. Entre ellas se encuentran el razonamiento, el lenguaje, las funciones ejecutivas y el pensamiento abstracto.
Estas habilidades permiten al ser humano operar con símbolos, anticipar acciones futuras, formular estrategias y reflexionar sobre su propia conducta.
En el enfoque de Vygotsky, estas funciones no emergen de forma aislada, sino que se desarrollan a través de la interacción social y el lenguaje. Así, la cultura y el entorno social desempeñan un papel fundamental en la conformación de las capacidades cognitivas más elaboradas.
El razonamiento es una habilidad cognitiva que permite elaborar inferencias, establecer vínculos entre ideas y resolver problemas mediante operaciones mentales lógicas.
Se manifiesta en distintos niveles de complejidad y se desarrolla a partir de la experiencia, la adquisición del lenguaje y el entorno sociocultural.
El lenguaje es una función cognitiva superior que permite al ser humano simbolizar, organizar y transformar su pensamiento. Funciona como una herramienta psicológica que no solo posibilita la comunicación, sino también la planificación, la autorregulación y el aprendizaje.
Su desarrollo está íntimamente ligado a la interacción social y a los procesos de interiorización.
Las funciones ejecutivas comprenden un conjunto de procesos mentales que permiten planificar, tomar decisiones, resolver problemas, inhibir respuestas impulsivas, cambiar de estrategia, y controlar la atención y la memoria de trabajo. Estas habilidades son esenciales para lograr comportamientos dirigidos a metas, como el rendimiento escolar.
Según Castillo-Parra et al. (2009), estas funciones incluyen inhibición, planeación, generación de estrategias, flexibilidad cognitiva y memoria de trabajo, y se desarrollan de manera progresiva durante la niñez y adolescencia.
La pérdida progresiva de las funciones cognitivas puede manifestarse en distintos contextos clínicos. En general, se observan déficits cuando existe daño cerebral adquirido, como consecuencia de un traumatismo o de otras condiciones médicas. También es característica de los trastornos neurocognitivos, donde se produce un deterioro paulatino del funcionamiento cerebral, como ocurre en las demencias.
Uno de los fenómenos actualmente en estudio es el deterioro cognitivo subjetivo, entendido como la percepción personal de que la memoria o las capacidades cognitivas están empeorando, a pesar de que las evaluaciones neuropsicológicas no evidencien alteraciones objetivas.
Este tipo de deterioro puede estar asociado a factores como el estrés, la ansiedad, la depresión o la falta de sueño. No obstante, en algunos casos, puede constituir una señal de alerta ante la posible aparición de un proceso neurodegenerativo, como el deterioro cognitivo leve.
El fortalecimiento de las funciones cognitivas a lo largo del ciclo vital requiere una atención integral a diversos aspectos del bienestar físico y mental. Mantener buenos hábitos de sueño, una alimentación equilibrada, la práctica regular de ejercicio y la incorporación de momentos de distensión son pilares fundamentales para el cuidado de la cognición.
El estrés, por su parte, ha demostrado tener efectos neurotóxicos. En este sentido, prácticas como la meditación resultan especialmente beneficiosas para la relajación mental. Diversos estudios respaldan su utilidad como herramienta preventiva y de fortalecimiento cognitivo, al favorecer la regulación emocional y reducir la activación fisiológica prolongada que puede afectar negativamente al cerebro.
Además, se ha evidenciado una relación significativa entre el desarrollo de funciones cognitivas —como la inteligencia y la memoria— y el uso de hábitos de estudio estructurados. Según una investigación publicada en la Revista Inclusiones (Silva Segura et al., 2024), la implementación de estrategias como la planificación del estudio, el uso de técnicas de memorización, la organización del espacio y la autoevaluación mejora el rendimiento académico y favorece el fortalecimiento de la cognición, especialmente en estudiantes de nivel escolar.
Estos hallazgos refuerzan la importancia de promover entornos educativos que integren prácticas basadas en evidencia, no solo para mejorar el desempeño académico, sino también para potenciar habilidades cognitivas esenciales para la vida diaria.
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