PhD (c). Ps. Eugenia Escalona
Psicóloga Clínica, Máster Interdisciplinar en Estudio y Prevención de la violencia de género, y Doctorando en Psicología, con Mención Sistémica, Cognitiva y Neurociencias. Coordinadora de Difusión del CESIST-Chile
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La violencia intrafamiliar (VIF) es un tipo de violencia que se da en un contexto de convivencia, donde existen lazos de sangre o políticos, y las personas pueden experimentar maltrato físico, psicológico, emocional, verbal, sexual, etc.
Una de las causas comunes es que se quiera mantener a otros dentro de ciertos lineamientos con acciones de autoridad y violencia. Lo que en consecuencia, puede traer problemas autoinmunes, depresiones, ansiedad, etc.
“Quien ama, no humilla, no maltrata”, una de las frases más comunes que se utiliza para visibilizar la violencia intrafamiliar actual.
La cantidad de casos sobre violencia intrafamiliar son alarmantes. Si bien, quien ejerce VIF puede pertenecer a cualquier sexo, estadísticamente los abusadores son personas del sexo masculino.
Esto significa que no estamos utilizando los dispositivos para alertar o bien no estamos viendo la gravedad de la situación, lo que, en consecuencia, hace que las mujeres se alejen de la denuncia.
La violencia intrafamiliar ocurre por una variedad de razones. La primera razón es que en un círculo se deciden utilizar tácticas agresivas y violentas para que las personas que coexisten se mantengan alineadas.
En estos casos, el sujeto que ejerce la violencia considera correctas estas acciones y no ve nada malo en su actuar. Él o ella justifica esta manera de interactuar y va a continuar haciéndolo porque considera más relevante resolver la necesidad emocional, fisiológica o interpersonal que tiene.
Además, se conoce que estas personas que realizan VIF están amparadas en una cultura de maltrato, como la cultura hetero patriarcal en donde se establece una jerarquía desde la imposición.
Es por ello, que con esto se debe comenzar a cuestionar cómo se está educando a la población, ya que estamos generando que ciertas personas sientan que esta manera de vivir es la apropiada, y creen que por tener lazos de consanguinidad o políticos, los demás son su propiedad.
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Mayormente, se escucha que afecta la corporalidad de la persona, pero las aristas que suelen ser invisibilizadas son la violencia psicológica y la económica. Ocurre que las personas que sufren de este maltrato dejan de moverse, de explorar el medio ambiente, sociabilizar, etc.
En el caso de la violencia económica, sucede que la sensación de carencia mantiene a la persona en un estrés agudo, que puede generar:
Lo que puede conducir a procesos graves de enfermedades.
Además de eso, va a afectar el desarrollo de la autonomía de la persona, ya que esta pensará que no puede realizar conductas o acciones que cualquier otro ser humano hace, sino que actuará y pensará desde el miedo.
Asimismo, se dan consecuencias psicológicas y físicas relacionadas con la muerte, llegando incluso a que las personas se suiciden de manera inducida para poder dejar de vivir en un ambiente de violencia.
Finalmente, es importante destacar que cualquier tipo de interacción que se da desde el maltrato afectará la integridad del sujeto.
Por otro lado, están los niños que conviven en un ambiente de violencia intrafamiliar. Esto puede tener varios efectos.
La violencia doméstica se suele confundir con la violencia en general, entonces, las personas piensan que el delito es el mismo que si golpeas a otra persona, pero no es así, ya que este maltrato se da dentro de un contexto familiar.
Esto último corresponde a una agravante, porque supone que estás en una situación de dependencia y que, además, ocurre en un ámbito privado.
Por otro lado, la VIF se puede confundir con violencia de género, porque como vimos, hay hartos casos en donde se entra en violencia contra la mujer por parte del hombre.
No obstante, es importante saber que estos tipos de violencia se dan dentro del contexto familiar, por lo que prima como agravante la relación de dependencia o relación de vinculación política.
La respuesta es no. Esto es un patrón interaccional que permea a todas las clases sociales, a todas las etnias y a todos los circuitos intersectoriales.
Ocurre que, dependiendo de la clase social, vamos a tener más o menos dificultades para poder continuar con esta relación.
La falta de autonomía económica hace que las personas víctimas de violencia se queden en una relación violenta o que la proximidad física pueda provocar que las personas se vuelvan más agresivas.
No obstante, si vemos estadísticas, nos damos cuenta de que este elemento es más una forma de explicación o una manera de mirar en menos las situaciones de pobreza o victimizando la pobreza.
Incluso, hay investigaciones que demuestran que las personas que tienen un posgrado, se demoran incluso más que las personas que tienen educación primaria (en un promedio de 2 a 3 años más) en denunciar las violencias y en terminar esa relación.
La terapia funciona en estos casos como un medio para organizar los recursos y superar las secuelas de manera rápida, y así poder desarrollar una vida plena.
Los profesionales de la salud en estos casos pueden utilizar ciertos métodos de trabajo. Dentro de ellos, hay uno centralizado en las soluciones, en donde la persona reconoce que lo que vivió no es apropiado y con ello, puede realizar elecciones más sanas para sí misma en un futuro.
Se debe tener en cuenta de que el paciente fue afectado en todas las áreas de su vida. Entonces, es importante que aprendan a gestionar sus emociones, a tolerarse y darse cuenta de cuáles son las consecuencias de sus impulsas y/o de este tipo de relación violenta.
En este proceso, las víctimas logran superar las consecuencias y pueden llegar a desarrollar una vida plena a pesar de los estragos originados por la violencia.
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