Mtro. Jorge Leiva
Magíster en Psicoterapia Cognitivo Post-racionalista. Diplomado de Postítulo en Trastornos Severos de la personalidad y Sexualidad Humana. Terapeuta EMDR. Psicólogo con experiencia en servicio público
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En el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, el psicólogo experto Jorge Leiva destaca la necesidad de implementar estrategias coordinadas, adaptadas al territorio y sustentadas en evidencia científica. Una reflexión sobre autolesiones, manejo clínico del riesgo y el desafío de construir una respuesta humana y eficaz.

En el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, esta columna ofrece una reflexión sobre los principales desafíos y orientaciones para su abordaje clínico y comunitario.
La prevención del suicidio constituye uno de los mayores desafíos para la salud pública y para la sociedad en general. Para enfrentarlo, resulta fundamental implementar acciones estructuradas, intersectoriales y, sobre todo, sustentadas en evidencia científica (Ministerio de Salud, 2023).
Estas acciones requieren de una coordinación intersectorial efectiva y de intervenciones adaptadas a la realidad de cada territorio. Así lo recoge la consulta pública realizada por el Ministerio de Salud en 2025, donde se definieron áreas prioritarias que guían las estrategias a seguir.
(Ministerio de Salud, 2025).
Desde la práctica clínica, un tema de especial relevancia son las Autolesiones No Suicidas (ANS). Aunque, por definición, no tienen la intención de provocar la muerte, estas conductas aparecen en distintos cuadros psiquiátricos y se caracterizan por su complejidad, su origen multifactorial y la variabilidad en su frecuencia (Ougrin & Boege, 2013; Villarroel et al., 2013).
Su vínculo con el suicidio es significativo: se estima que incrementan hasta diez veces el riesgo de un intento suicida (Hawton & Harriss, 2007). Por ello, durante la evaluación e intervención clínica es necesario considerar síntomas como ansiedad, estrés o depresión, así como conductas de evitación, aislamiento, enojo y desregulación emocional. Mal abordados, estos factores pueden favorecer la aparición de autolesiones y, con ello, elevar la probabilidad de un desenlace suicida (Leiva Pereira & Concha Landeros, 2018).
Para el abordaje clínico del riesgo suicida, los profesionales de la salud mental deben apoyarse en estrategias estructuradas, entre las que destacan:
La prevención del suicidio es posible y depende de la articulación de esfuerzos coordinados, sostenidos y basados en la evidencia. Para los profesionales de salud mental, la detección temprana, la evaluación estructurada del riesgo, la implementación de planes de seguridad y el uso oportuno de los canales de apoyo disponibles constituyen intervenciones que pueden salvar vidas. El trabajo intersectorial y la integración de redes de apoyo representan el camino hacia una respuesta más eficaz, humana y esperanzadora.
Cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Prevención del Suicidio con la idea de concientizar a la población sobre las acciones necesarias para disminuir las muertes por suicidio, el lema del Día Mundial de la Prevención del Suicidio 2024-2026, “Cambiar la narrativa”, tiene como objetivo derribar barreras, como el estigma, crear conciencia y crear una cultura de comprensión y apoyo para prevenir el suicidio (OMS, 2024).
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