Valentina Garrido
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La terapia somática reúne distintos enfoques psicoterapéuticos que integran las sensaciones corporales, las emociones, los pensamientos y las relaciones dentro del proceso terapéutico. Su propósito es comprender la experiencia humana sin separar lo que ocurre en la mente de la forma en que esa experiencia se manifiesta en el cuerpo.
Las experiencias psicológicas no se expresan únicamente mediante pensamientos o palabras. También pueden manifestarse en la respiración, la postura, el movimiento, el tono muscular y otras respuestas fisiológicas que forman parte de la manera en que cada persona vive y organiza lo que le ocurre.
Para profundizar en este enfoque, conversamos con la Mg. Mtr. Vanna Lombardo, enfermera matrona, máster en Sexología y profesional con formación en Psicoterapia Gestalt. Sus aportes permiten comprender qué caracteriza a la terapia somática, cómo se desarrolla en la práctica clínica y cuáles son los alcances actuales de su evidencia científica.
La terapia somática es un campo de la psicoterapia que comprende la experiencia humana como un proceso corporal, emocional, cognitivo y relacional integrado. Desde esta perspectiva, el cuerpo no se incorpora como un elemento adicional, sino que se reconoce como una dimensión inseparable de la experiencia psicológica.
Esto implica observar cómo una emoción, un recuerdo o una situación determinada se relacionan con sensaciones físicas, movimientos, cambios en la respiración o respuestas fisiológicas. Estos elementos no se analizan por separado, sino en relación con la historia, los vínculos y el contexto de cada persona.
Como explica Lombardo:
“Ninguna comprensión de la experiencia humana está completa si el cuerpo queda fuera de la conversación”.
La terapia somática tampoco sostiene que el cuerpo posea por sí solo todas las respuestas ni que cada sensación tenga un significado psicológico predeterminado. Una misma manifestación corporal puede adquirir sentidos distintos según la persona y el momento en que aparece.
Más que una psicoterapia única, se trata de un campo que reúne distintos modelos orientados a integrar el cuerpo dentro del trabajo clínico.
La terapia somática funciona ampliando el foco de la sesión más allá del relato verbal. Además de conversar sobre lo ocurrido, el terapeuta y el consultante observan cómo la experiencia se manifiesta corporal y emocionalmente en el momento presente.
Durante una sesión pueden atenderse aspectos como:
El objetivo no es interpretar automáticamente estas señales, sino ayudar a la persona a reconocerlas, comprender cómo se relacionan con su experiencia y desarrollar respuestas más flexibles frente al estrés o al malestar.
En la práctica, el trabajo clínico se desarrolla de manera gradual, colaborativa e individualizada. Esto implica explorar la experiencia corporal sin imponer interpretaciones, relacionar las sensaciones con las emociones, los pensamientos y el contexto, y adaptar cada intervención al ritmo, los límites y las necesidades del consultante.
Uno de los modelos que forman parte de este campo es Somatic Experiencing®, un enfoque orientado principalmente al trabajo con trauma. Este método centra la atención en las sensaciones internas, la posición y el movimiento corporal, y propone abordar de manera gradual las respuestas asociadas a experiencias traumáticas (Kuhfuß et al., 2021). Sus características no deben atribuirse automáticamente a todas las terapias somáticas, ya que cada enfoque posee fundamentos y procedimientos propios.
La terapia somática no se define por una técnica única ni por una secuencia fija de ejercicios. Las intervenciones varían según el enfoque utilizado, los objetivos clínicos, las necesidades del consultante y la formación del terapeuta.
Entre los recursos que pueden incorporarse se encuentran:
Estas intervenciones no se aplican de forma automática. Deben integrarse al proceso psicoterapéutico de manera colaborativa, respetando el ritmo, los límites y el consentimiento informado de la persona. Algunos modelos pueden incluir tacto terapéutico, pero este no es un componente obligatorio y requiere consentimiento explícito y una indicación clínica clara.
La terapia somática comprende distintos modelos que integran la experiencia corporal al proceso psicoterapéutico. Aunque comparten esta orientación, difieren en sus fundamentos teóricos, sus objetivos clínicos y la forma en que organizan las intervenciones.
Somatic Experiencing® es un enfoque desarrollado por Peter Levine y orientado principalmente al abordaje del trauma. Presta especial atención a la interocepción, la propiocepción y las respuestas fisiológicas vinculadas con experiencias traumáticas.
Este modelo propone aproximarse gradualmente a la activación corporal, fortalecer recursos internos y externos, y evitar una evocación intensa de los recuerdos como punto de partida. La evidencia disponible sobre este enfoque es preliminar y no debe generalizarse a todas las terapias somáticas (Kuhfuß et al., 2021).
La Psicoterapia Sensoriomotriz, desarrollada por Pat Ogden, integra la dimensión corporal al trabajo con emociones, pensamientos y experiencias relacionales. Su foco está en observar cómo el cuerpo participa en la organización de la experiencia y en los patrones de respuesta de la persona.
La Psicoterapia Somática Integrativa, representada por autoras como Manuela Mischke-Reeds, articula recursos corporales y psicoterapéuticos dentro de un marco clínico amplio. Puede incluir prácticas de conciencia corporal, regulación, respiración, movimiento e imaginación guiada, siempre ajustadas a las necesidades del consultante.
El manual de Mischke-Reeds reúne ejercicios clínicos para el trabajo con trauma y estrés, pero no constituye por sí mismo evidencia empírica sobre eficacia.
Algunos desarrollos de la psicoterapia Gestalt incorporan el cuerpo y el movimiento como parte de la experiencia presente. Vanna Lombardo menciona, entre estos aportes, los trabajos de James Kepner y Ruella Frank.
La psicoterapia corporal neorreichiana es una corriente que incorpora la dimensión corporal como parte del trabajo psicoterapéutico. Se relaciona con el campo somático porque reconoce que la experiencia psicológica también puede manifestarse mediante respuestas y patrones corporales.
Aunque comparte con otros enfoques el interés por el cuerpo, posee fundamentos y formas de intervención diferentes de Somatic Experiencing® y de la Psicoterapia Sensoriomotriz.
En la práctica clínica, estos modelos pueden dialogar e influirse mutuamente. Sin embargo, no son equivalentes, por lo que resulta importante identificar qué enfoque utiliza el profesional y cuál es su formación específica.
La terapia somática puede favorecer una mayor conciencia corporal, fortalecer la autorregulación y ayudar a la persona a responder con mayor flexibilidad frente al estrés y las emociones intensas. Estos beneficios potenciales dependen del motivo de consulta, del enfoque utilizado y de la integración de las intervenciones dentro de un proceso psicoterapéutico adecuado.
Entre los posibles aportes se encuentran:
De acuerdo con la especialista, estos cambios también pueden repercutir en el bienestar psicológico, las relaciones interpersonales y, en algunos casos, en áreas como la salud sexual, especialmente cuando existen experiencias vinculadas con trauma, ansiedad, dolor, vergüenza o evitación.
En el caso específico de Somatic Experiencing®, la revisión de Kuhfuß et al. (2021) identificó resultados preliminares favorables en síntomas asociados al trastorno de estrés postraumático, manifestaciones afectivas y somáticas, y algunos indicadores de bienestar. Sin embargo, los autores advierten que la calidad metodológica de los estudios fue heterogénea y que se requieren más ensayos clínicos aleatorizados e independientes.
Por ello, estos resultados deben entenderse como beneficios potenciales, no como efectos garantizados ni como evidencia aplicable por igual a todos los modelos de terapia somática.
La terapia somática puede ser útil cuando el malestar psicológico también se expresa a través del cuerpo o cuando la persona presenta dificultades para reconocer, regular o integrar sus respuestas emocionales y fisiológicas. Su indicación no depende exclusivamente de un diagnóstico, sino de las necesidades y características de cada consultante.
Como explica la Mg. Mtr. Vanna Lombardo:
“Su propósito no es únicamente aliviar síntomas, sino ayudar a las personas a desarrollar una mayor conciencia de lo que sienten, de cómo esa experiencia se manifiesta en su cuerpo y de la manera en que responden ante situaciones de estrés, conflicto o malestar”.
Este enfoque puede ser pertinente en situaciones relacionadas con:
También puede considerarse cuando una persona comprende racionalmente lo que le ocurre, pero continúa experimentando patrones corporales o emocionales difíciles de modificar. En estos casos, el trabajo somático busca ampliar la conciencia de la experiencia presente y favorecer nuevas formas de responder al malestar.
En el ámbito del trauma, Sariahmed et al. (2025) observaron que pacientes con trastorno de estrés postraumático y profesionales de atención primaria consideraron aceptable la posibilidad de incorporar terapia somática. El estudio también mostró que varios participantes relacionaban sus síntomas traumáticos con manifestaciones corporales y dolor crónico. No obstante, la investigación evaluó percepciones y aceptabilidad, no la eficacia del tratamiento.
Por ello, la terapia somática debe integrarse a partir de una evaluación clínica individual. Puede complementar otros abordajes psicoterapéuticos y, cuando corresponda, tratamientos médicos o psiquiátricos, siempre que exista coordinación entre los profesionales involucrados.
La evidencia científica sobre terapia somática se encuentra todavía en una etapa inicial. Los estudios disponibles muestran resultados favorables en algunos modelos y contextos clínicos, pero la diversidad de enfoques y diseños impide formular conclusiones generales sobre todo el campo.
La revisión de alcance de Kuhfuß et al. (2021) examinó la investigación disponible sobre Somatic Experiencing®, uno de los modelos comprendidos dentro de la terapia somática. De los 83 documentos identificados, 16 cumplieron los criterios de inclusión: 10 estudios cuantitativos y 6 investigaciones cualitativas.
Los estudios cuantitativos reportaron hallazgos preliminares en tres áreas:
Los estudios cualitativos, en tanto, identificaron como elementos relevantes la orientación hacia recursos internos y externos y, en determinados contextos, el uso del tacto. Estos resultados describen características valoradas dentro de Somatic Experiencing®, pero no representan a todas las terapias somáticas.
Por su parte, una línea de investigación más reciente ha examinado la aceptación clínica de estos enfoques. Sariahmed et al. (2025) realizaron entrevistas a 14 pacientes con trastorno de estrés postraumático y grupos focales con 12 integrantes del personal sanitario de una clínica urbana de atención primaria.
El estudio mostró que tanto pacientes como profesionales consideraron aceptable la incorporación de terapia somática. Esta disposición se relacionó con la forma corporal en que varias personas experimentaban el trauma, con dificultades previas de acceso a tratamiento y con la necesidad de intervenciones que no dependieran exclusivamente del relato verbal o de la exposición directa.
Este resultado aporta información sobre la aceptabilidad y pertinencia percibida del enfoque en un contexto asistencial específico. No evalúa cambios clínicos posteriores a una intervención.
La principal dificultad para evaluar la terapia somática es que no constituye un tratamiento único. Bajo esta denominación se agrupan modelos con fundamentos, procedimientos y niveles de investigación diferentes.
La revisión de Kuhfuß et al. (2021) identificó varias limitaciones metodológicas:
El estudio de Sariahmed et al. (2025) también presenta alcances acotados: fue cualitativo, se realizó en un solo centro de atención y evaluó la respuesta de los participantes ante una descripción de la terapia, no ante una intervención aplicada.
En la misma línea, Lombardo señala que la investigación futura debe precisar qué intervenciones son útiles, para qué personas, en qué contextos y bajo qué condiciones. También destaca la necesidad de considerar la diversidad de modelos y la influencia de factores comunes de la psicoterapia, como la alianza terapéutica.
En conjunto, la literatura permite describir a la terapia somática como un campo con resultados preliminares favorables y aceptación clínica, pero que aún requiere estudios más consistentes para definir con mayor precisión su eficacia y sus indicaciones.
La terapia somática amplía el abordaje psicoterapéutico al integrar la experiencia corporal con los procesos emocionales, cognitivos y relacionales. Su aporte clínico se vincula con una mayor conciencia de las respuestas corporales y con el desarrollo de recursos de regulación.
La evidencia disponible muestra hallazgos preliminares favorables, especialmente en Somatic Experiencing®, junto con una buena aceptación en determinados contextos clínicos. Sin embargo, la heterogeneidad de los modelos y las limitaciones metodológicas actuales requieren interpretar estos resultados con prudencia y continuar fortaleciendo la investigación.
Debe ser aplicada por profesionales de la salud mental con formación en psicoterapia y capacitación específica en enfoques somáticos. Su práctica también debe ajustarse a las competencias profesionales y a la normativa vigente en cada país.
Sí. Puede integrarse con otros modelos psicoterapéuticos y complementar tratamientos médicos o psiquiátricos cuando exista una indicación adecuada y coordinación entre los profesionales involucrados.
No necesariamente. Muchas intervenciones trabajan con sensaciones, respiración, postura, movimiento u orientación al entorno sin contacto físico. Algunos modelos pueden incorporar el tacto, pero este requiere consentimiento informado y respeto por los límites de la persona.
No siempre. Su indicación puede evaluarse según el motivo de consulta, las necesidades de la persona y la forma en que experimenta el malestar, incluso cuando no existe un diagnóstico específico.
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