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Cada vez que lees una oración larga, resuelves un problema o sigues una conversación, tu cerebro está haciendo algo extraordinario: retener información mientras la usa al mismo tiempo. Ese proceso silencioso, que ocurre en fracciones de segundo, depende de uno de los sistemas cognitivos más fascinantes y menos conocidos de la mente humana.
La memoria de trabajo se erige como un sistema integral de control cognitivo y procesamiento ejecutivo, cuya relevancia radica en su función directiva sobre el comportamiento. Este sistema opera mediante la interacción dinámica de diversos procesos mentales fundamentales, tales como la atención, la percepción, la motivación y otras formas de memoria.
Para el artículo, realizado en colaboración de Mg. Ps. Hermann Thomas Ehrenfeld, Psicólogo, Magíster en Psicología y Especialista en Neuropsicología Infantil, quien profundiza sobre la memoria de trabajo, su definición y sus componentes clave.
La memoria de trabajo es la capacidad del cerebro para retener y manipular información de forma activa mientras la utiliza para resolver un problema.
“Se define como la capacidad de poder retener y manipular información bajo una regla o restricción, donde esa información se utiliza para resolver un problema”, enfatiza el experto.
Este concepto surgió como una evolución del modelo tradicional de memoria a corto plazo. Mientras el enfoque clásico distinguía entre memoria sensorial, a corto plazo y a largo plazo, las aportaciones de Alan Baddeley y Graham Hitch en la década de 1970 reformularon esta visión, demostrando que la mente no solo almacena información sino que también la procesa en tiempo real.
Baddeley y Hitch propusieron un modelo multicomponente que describe la estructura de la memoria de trabajo. Originalmente con tres componentes, posteriormente se añadió un cuarto elemento crucial:
Es el componente de control atencional que gestiona los recursos cognitivos. Su función principal es asignar los recursos atencionales a las tareas que se están realizando, dirigiendo los subsistemas subordinados, calificados como “subsistemas esclavos”.
Este subsistema retiene información verbal en formato acústico de forma temporal. Su vertiente pasiva (el almacén fonológico) tiene una capacidad limitada (alrededor de 3 ítems por 2 segundos), la cual puede ser incrementada mediante el repaso subvocal (lazo articulatorio) hasta aproximadamente 7 ítems.
Un ejemplo es la repetición mental de una clave o un número de teléfono.
Opera con información visual y espacial. Sus características son análogas a las del bucle fonológico, pero maneja imágenes. Un ejemplo de su función es la manipulación mental de un objeto para determinar su orientación.
Añadido en 1991 (Baddeley, 2000), este componente es un almacén temporal de capacidad restringida que se distingue por trabajar con información multimodal. Además, facilita la integración e intercambio de información entre la memoria de trabajo y la memoria a largo plazo.
Aunque el modelo multicomponente de Baddeley sigue siendo el más influyente, otros enfoques han ampliado su comprensión, tales como:
Propuso que la memoria de trabajo no es un sistema separado, sino una parte activada de la memoria a largo plazo. Su “foco de atención” puede contener entre 3 y 5 elementos simultáneamente.
Distingue entre la memoria activada, la región de acceso directo y un foco de atención único, explicando cómo solo uno de los elementos alcanza plena disponibilidad consciente.
Sugieren que la memoria de trabajo es una propiedad emergente de la actividad cortical, sin divisiones rígidas por tipo de información. La corteza prefrontal actúa como una red integrada para el mantenimiento y manipulación activa de representaciones.
La funcionalidad de la memoria de trabajo se evidencia en las operaciones de control que ejerce sobre la información disponible:
Permite la retención prolongada de la información en la memoria de trabajo y facilita el traspaso a la memoria a largo plazo.
Consiste en la elaboración de segmentos complejos a partir de ítems más simples, una operación que implica la interacción con la información almacenada en la memoria a largo plazo.
La memoria de trabajo es indispensable para tareas como la comprensión auditiva y lectora, la resolución de problemas y la toma de decisiones (Baddeley & Hitch, 1974). También sustenta procesos como la planificación de acciones futuras y la fluidez verbal, ya que ambas requieren mantener activa cierta información mientras se genera o ejecuta una respuesta.
Finalmente, existe una correlación sustancial entre la capacidad de la memoria de trabajo y la inteligencia, observándose que una mayor capacidad en la memoria de trabajo se asocia con puntuaciones superiores en las pruebas de Cociente Intelectual (CI).
“Es super importante, porque habitualmente cuando manejamos información, necesitamos retener momentáneamente ciertos datos para poder realizar una tarea.”, menciona Thomas.
La memoria de trabajo desempeña un papel crucial en el proceso de aprendizaje, ya que actúa como el “escritorio mental” donde se manipula y procesa la nueva información.
La memoria de trabajo es fundamental para la comprensión auditiva y lectora. Por ejemplo, al leer una oración compleja, se retiene el inicio de la frase mientras se procesa el resto, permitiendo construir el significado global. Una memoria de trabajo eficiente facilita la adquisición de conocimientos al integrar nueva información con la ya existente en la memoria a largo plazo (Baddeley, 2000).
En el ámbito académico, tareas como el cálculo matemático o la resolución de problemas lógicos dependen directamente de la memoria de trabajo. Se requiere retener los datos del problema y las reglas necesarias mientras se ejecutan los pasos intermedios de la solución (Baddeley & Hitch, 1974).
Al practicar y repetir una habilidad o concepto, la memoria de trabajo facilita que la información pase a ser automatizada y almacenada en la memoria a largo plazo, liberando recursos atencionales del Ejecutivo Central para dedicarlos a tareas más complejas o novedosas.
La capacidad de la memoria de trabajo aumenta progresivamente durante la infancia y adolescencia, en paralelo con la maduración de las redes frontoparietales. Sin embargo, a partir de los 30 años comienza un declive gradual, acentuado en la vejez.
Según Pelegrina et al. (2016), este deterioro se relaciona con una menor eficiencia en los procesos de inhibición y con el llamado “efecto abanico”, que describe la dificultad para suprimir información irrelevante.
El “efecto abanico” describe la dificultad progresiva que experimentan las personas mayores para suprimir datos no esenciales que compiten con la información crítica que intentan memorizar o recordar.
Con el llamado “efecto abanico”, se genera:
A nivel neural, estudios con neuroimagen han mostrado una menor lateralización prefrontal en adultos mayores (Reuter-Lorenz et al., 2000), lo que sugiere mecanismos compensatorios que redistribuyen la carga cognitiva.
En los últimos años han surgido programas de intervención cognitiva orientados a mejorar la capacidad de la memoria de trabajo, especialmente en contextos educativos y clínicos. Estas estrategias incluyen ejercicios de actualización, control inhibitorio y flexibilidad cognitiva, junto con prácticas de atención sostenida y técnicas metacognitivas.
Pelegrina y colaboradores (2016) destacan que el entrenamiento sistemático puede producir mejoras funcionales y transferencias positivas a tareas no entrenadas, aunque sus efectos dependen de la edad y la intensidad de la práctica.
La memoria de trabajo se erige como un sistema integral de control cognitivo y procesamiento ejecutivo, cuya relevancia radica en su función directiva sobre el comportamiento. Dada su naturaleza como un proceso que se inicia y se desarrolla progresivamente durante la infancia temprana, flexibilizándose y expandiéndose en correlación con la adquisición sistemática de conocimientos y experiencias, resulta imperativo incorporar la estimulación de la memoria de trabajo desde los estadios iniciales del trayecto educativo.
No. Aunque están relacionadas, la memoria a corto plazo solo almacena información de forma pasiva. La memoria de trabajo va más allá: retiene y manipula activamente esa información para ejecutar tareas complejas, lo que la convierte en un sistema mucho más sofisticado y funcional.
Su capacidad es limitada. El bucle fonológico retiene alrededor de 7 ítems verbales, mientras que el foco de atención del modelo de Cowan maneja entre 3 y 5 elementos simultáneamente. Por eso, cuando la carga de información es excesiva, el rendimiento cognitivo disminuye notablemente.
Aunque alcanza su punto máximo durante la adolescencia y la adultez temprana, el declive comienza gradualmente alrededor de los 30 años. En la vejez, este proceso se acentúa, principalmente por una menor capacidad para inhibir información irrelevante, fenómeno conocido como el efecto abanico.
Sí. Existen programas de intervención cognitiva que, mediante ejercicios de actualización, inhibición y atención sostenida, producen mejoras funcionales. Estos beneficios pueden transferirse incluso a tareas no entrenadas, aunque su efectividad varía según la edad y la intensidad de la práctica.
Existe una correlación significativa entre ambas. Las personas con mayor capacidad de memoria de trabajo tienden a obtener puntuaciones más altas en pruebas de cociente intelectual, lo que sugiere que este sistema cognitivo es uno de los pilares del pensamiento complejo y el razonamiento abstracto.
Baddeley, A. D. (2000). The episodic buffer: A new component of working memory? Trends in Cognitive Sciences, 4(11), 417–423.
Baddeley, A. D., & Hitch, G. (1974). Working memory. In G. H. Bower (Ed.), The psychology of learning and motivation (Vol. 8, pp. 47–89). Academic Press.
Fuster, J. M. (2001). The prefrontal cortex—An update: Time is of the essence. Neuron, 30(2), 319–333.
Gontier, J. B. (2004). Memoria de Trabajo y Envejecimiento. Revista Chilena de Neuropsicología, 2(1), 111–124.
Pelegrina, S., Lechuga, M. T., Castellanos, M. C., & Elosúa, M. R. (2016). Memoria de trabajo. En M. T. Bajo Molina, L. J. Fuentes Melero, J. Lupiáñez Castillo, & M. R. Rueda Cuerva (Coords.), Mente y cerebro: De la psicología experimental a la neurociencia cognitiva (pp. 237–262). Alianza Editorial.
Reuter-Lorenz, P. A., Jonides, J., Smith, E. E., Hartley, A., Miller, A., Marshuetz, C., & Koeppe, R. A. (2000). Age differences in the frontal lateralization of verbal and spatial working memory revealed by PET. Journal of Cognitive Neuroscience, 12(1), 174–187.
Ehrenfeld, M. (2026). La Memoria de Trabajo (MT): Un sistema cognitivo esencial para la ejecución de tareas complejas. ADIPA. https://adipa.mx/noticias/memoria-de-trabajo/
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