Mtro. Simón Tello Herrera
Nutricionista y Magíster en Nutrición y Metabolismo. Evaluador ISAK Nivel II.
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En el marco del Día Mundial de la Salud Digestiva, Simón Tello Herrera, nutricionista y docente de Adipa, reflexiona sobre la diarrea crónica, sus posibles causas y el impacto que puede tener en la seguridad, autonomía, calidad de vida y salud mental de las personas.
Este 29 de mayo se celebra el Día Mundial de la Salud Digestiva, y este año la Organización Mundial de Gastroenterología —WGO, por sus siglas en inglés— nos invita a reflexionar sobre la diarrea crónica, un problema que podría ser padecido por el 5% de la población mundial (1) y al cual no debemos normalizar ni pasar por alto.
La diarrea crónica puede definirse como aquella que produce al menos tres evacuaciones líquidas al día, con consistencia disminuida y volumen variable, por una extensión de cuatro semanas o más. Esta condición puede llevar a decaimiento, deshidratación, inseguridad, miedo a salir, pérdida de independencia y vergüenza constante.
No todas las diarreas se producen por la misma razón; por ello, sus causas son variadas y requieren estudio clínico para establecerlas.
Dentro del llamado que hace la WGO, se enfatizan tres aspectos: conocer lo que nuestro intestino desea decirnos; cuando tengas dudas, descartar condiciones subyacentes; y comprender que la diarrea crónica merece atención, no vergüenza.
Estamos en una época donde parece que todo se responde rápidamente con inteligencia artificial, pero es importante recordar que ello no reemplaza la atención médica específica. Por eso, los primeros dos aspectos nos deben hacer reflexionar:
A nivel global, entre las causas de diarrea se encuentra el síndrome de intestino irritable (SII). La prevalencia del SII, según criterios Roma III y IV, alcanza un 9,2% (3,4). Sin embargo, este comportamiento difiere drásticamente en Sudamérica, región que lidera las estadísticas internacionales con tasas que promedian entre 15,4% y 18,9%.
La diarrea crónica no solo afecta el funcionamiento digestivo. Cuando los síntomas se mantienen en el tiempo, también pueden impactar en la salud mental, la autonomía y la calidad de vida de las personas. El miedo a salir, la vergüenza, la inseguridad frente a episodios inesperados y la preocupación constante por el propio cuerpo pueden generar un desgaste emocional significativo.
Por eso, hablar de salud intestinal también implica observar cómo estos síntomas interfieren en la vida cotidiana, en los vínculos sociales, en el trabajo y en la sensación de bienestar general. Desde una mirada integral, este malestar no debería abordarse únicamente como una molestia física, sino también considerando sus efectos emocionales y funcionales.
La salud intestinal refleja tanto bienestar como enfermedad. Sus alteraciones pueden relacionarse con cambios en la microbiota, falta o exceso de ejercicio, consumo inadecuado de alimentos o, en algunos casos, manifestarse por alteraciones neurológicas. En otros casos, puede verse afectada por enfermedades autoinmunes, infecciones bacterianas o parasitarias, o bien por alteraciones más graves, como el cáncer.
Si una persona padece síntomas gastrointestinales —y, en el contexto que nos convoca, presenta deposiciones líquidas que no ceden luego de tres días— empezaremos a ver un detrimento en su seguridad y calidad de vida.
Es necesario dar el paso para no quedarnos únicamente con los síntomas sin darles mayor importancia. Aquí, el tercer llamado de este día es relevante: salir de Internet y realizar un estudio clínico adecuado cuando los síntomas persisten es fundamental.
Como nutricionista, siempre dedico un tiempo de la consulta a analizar la salud intestinal y, en muchas ocasiones, han llegado pacientes sin el correcto paso previo con un gastroenterólogo. La atención por especialista se debe realizar siempre que haya síntomas de alerta; ellos definirán si es necesario hacer estudios para complementar la entrevista clínica, desde test de producción de gases, endoscopia, colonoscopia y muestras de heces, entre otros exámenes que permiten conocer la salud intestinal adecuadamente.
En algunos casos, la intervención incluirá dieta especializada —por ejemplo, dieta baja en FODMAP—, uso de probióticos, antibióticos o también tratamiento psicológico.
Mi recomendación para quienes trabajan atendiendo público es siempre incluir preguntas sobre salud digestiva en la anamnesis y derivar a un estudio más profundo cuando sea necesario. Para la población general, es importante acercarse a un médico general, gastroenterólogo o nutricionista para analizar si hay algún problema, por ejemplo, heces líquidas por más de un día.
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